A veces no hacen falta las palabras para entender lo que alguien quiere decir. Bastan las manos, una mirada atenta y la disposición genuina de comunicarse desde el corazón. Así fue la experiencia que vivimos los maestros en formación del IV semestre, durante una jornada que sin duda marcó un antes y un después en nuestra manera de comprender la inclusión.
Tuvimos el privilegio de recibir al profesor Raúl Bustamante, licenciado en Educación Física y acompañante de Yasleidy, quien nos ofreció una valiosa inducción sobre el lenguaje de señas. Desde el primer momento, su manera de enseñar captó la atención de todos: cada gesto, cada ejemplo y cada palabra revelaban el profundo respeto y compromiso que siente hacia la educación inclusiva.
No fue una clase tradicional. Fue una conversación viva sobre la empatía, la igualdad y la importancia de mirar más allá de las diferencias. Mientras el profesor Raúl explicaba los signos básicos, también nos hablaba del poder de la comunicación no verbal, de la necesidad de abrir espacios donde cada estudiante pueda expresarse libremente, sin barreras ni prejuicios.
La enseñanza fue clara: la inclusión no se limita a aceptar la diferencia, sino a aprender a convivir con ella, a comprenderla y a celebrarla. Cada uno de nosotros se fue de ese encuentro con la sensación de haber aprendido algo mucho más grande que un nuevo idioma: una nueva forma de entender el mundo y de reconocer en los demás lo que nos une como seres humanos.
Esta experiencia nos motiva a seguir compartiendo historias como la de Yasleidy, Joseph y Gabriel, que día a día nos recuerdan que la verdadera educación está en tender puentes, no en levantar muros. Y en ese camino, cada clase, cada gesto y cada sonrisa cuentan.

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