Hay momentos en los que la escuela deja de ser solo un espacio para aprender, y se convierte en un lugar donde se siente el verdadero sentido de la educación. En los pasillos, en los recreos, en cada clase, la inclusión no es un tema aislado ni una actividad especial: es una forma de vivir dentro de la Escuela Normal Superior de San Mateo.
Cada historia que nace aquí tiene algo que enseñar. Yasleidy, con su esfuerzo y alegría, demuestra que no hay límites cuando el entorno cree en ti. Joseph Nicolás y Gabriel, desde su ternura y autenticidad, nos recuerdan que la paciencia y la comprensión son parte del aprendizaje tanto como las matemáticas o la lectura. Son pequeños gestos los que hacen la diferencia: un compañero que aprende a comunicarse con las manos, una maestra que adapta su clase, un grupo que comprende que la diversidad enriquece.
Lo más bonito de todo es que no se trata de cumplir con una norma, sino de actuar desde la empatía. Cada docente en formación entiende que educar va mucho más allá de transmitir contenidos; se trata de formar seres humanos sensibles, conscientes y solidarios. Y cuando eso ocurre, la escuela se transforma: las aulas ya no son solo lugares donde se enseña, sino espacios donde todos tienen un lugar, una voz y una historia que contar.
Cada paso que damos hacia la inclusión reafirma el compromiso de la institución con una educación que abra caminos, que inspire y que cambie vidas. Porque al final, enseñar con el corazón siempre será la lección más importante.
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