viernes, 7 de noviembre de 2025

Lengua de señas que transforma el aprendizaje

    Durante la Semana de Investigación, un momento lleno de significado marcó la diferencia en el auditorio de la Escuela Normal Superior de San Mateo. En medio de las presentaciones, reflexiones y proyectos, Yasleidy se convirtió en una protagonista esencial al interpretar, con lenguaje de señas, la sustentación del anteproyecto de investigación “Estrategias de enseñanza en el área de Lengua Castellana”, elaborado por los estudiantes del segundo semestre del Programa de Formación Complementaria.

    Gracias a la capacitación dirigida por el profesor Raúl Bustamante, Licenciado en Educación Física y comprometido con la inclusión educativa, Yasleidy logró transmitir con claridad, empatía y precisión cada idea del grupo expositor, haciendo de la comunicación un puente real entre la voz, el gesto y el pensamiento. Su participación fue más que un apoyo técnico: fue un símbolo del valor de la diversidad, de la importancia de aprender a mirar, escuchar y comprender desde otras formas de expresión.

    El auditorio se llenó de atención y admiración al verla desempeñar su papel con seguridad, compromiso y ternura. En sus manos, el lenguaje de señas se convirtió en una herramienta que unió a todos los presentes, mostrando que la educación inclusiva no es algo lejano, sino una realidad que se construye paso a paso, con dedicación y sensibilidad. Este momento no solo evidenció el fruto de la formación académica, sino también la fuerza de la empatía y del trabajo conjunto que caracteriza a la comunidad normalista.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (noviembre, 2025)




lunes, 27 de octubre de 2025

Gabriel y la fuerza de una sonrisa

    Hay historias que se cuentan sin palabras, y Gabriel es una de ellas. Basta verlo sonreír para entender que la alegría auténtica no necesita traducción. Su risa ilumina los pasillos, su curiosidad mueve conversaciones, y su forma de mirar el mundo nos recuerda que cada día en la escuela es una oportunidad para aprender, pero también para enseñar desde el corazón.

    Gabriel no solo asiste a clases; él las transforma. Con su energía, hace que todo se sienta más ligero, que lo cotidiano tenga color y que el aprendizaje se vuelva una experiencia compartida. En cada actividad, pone el alma. En cada intento, una dosis inmensa de perseverancia. No hay obstáculo que detenga sus ganas de seguir descubriendo, de preguntar, de reír.

    A su lado, las maestras no solo enseñan, también aprenden. Aprenden a mirar más allá de los libros, a valorar el esfuerzo antes que el resultado, y a celebrar cada logro como si fuera el más grande. Gabriel les recuerda que la verdadera educación está en esos gestos sencillos, en esas miradas cómplices, en la paciencia que acompaña y en el cariño que guía.

    Mientras otros niños pueden pasar desapercibidos, él deja huella. No porque quiera ser el centro, sino porque su forma de estar lo convierte en un ejemplo vivo de lo que significa incluir, compartir y creer en el poder de la diferencia.

    Quien se cruza con Gabriel no olvida su sonrisa. Y quien lo conoce, comprende que detrás de esa risa hay una historia de amor, dedicación y esperanza que sigue escribiéndose día a día en las aulas de la Normal.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (octubre, 2025).


La esencia que hace diferente a la Normal

    Cada jornada en la Escuela Normal Superior de San Mateo está llena de pequeños momentos que dejan huella. No todo ocurre en las aulas o en medio de una capacitación; a veces, lo más valioso se aprende en los gestos simples: cuando alguien ofrece ayuda sin que se lo pidan, cuando un grupo espera a un compañero para avanzar juntos, o cuando una sonrisa basta para derribar cualquier barrera.

   En los recreos, en las filas o durante una exposición, la inclusión se nota. No porque alguien la mencione, sino porque se siente. Los estudiantes aprenden a mirar distinto, a escuchar con atención y a entender que todos tenemos algo que aportar. Cada uno, desde su historia, ha hecho que el colegio se convierta en un espacio más humano y más cálido.

   Lo que más sorprende es cómo la convivencia transforma a todos. Los maestros en formación descubren que enseñar no es solo explicar, sino también comprender, acompañar y valorar las diferencias. Aquí, la empatía se enseña con el ejemplo y se aprende cada día con los demás.

  Esa es la verdadera esencia de esta institución: hacer de la inclusión una costumbre diaria, una forma de entender la educación y la vida.


Cuando la inclusión se vuelve parte del aula

    Hay momentos en los que la escuela deja de ser solo un espacio para aprender, y se convierte en un lugar donde se siente el verdadero sentido de la educación. En los pasillos, en los recreos, en cada clase, la inclusión no es un tema aislado ni una actividad especial: es una forma de vivir dentro de la Escuela Normal Superior de San Mateo.

    Cada historia que nace aquí tiene algo que enseñar. Yasleidy, con su esfuerzo y alegría, demuestra que no hay límites cuando el entorno cree en ti. Joseph Nicolás y Gabriel, desde su ternura y autenticidad, nos recuerdan que la paciencia y la comprensión son parte del aprendizaje tanto como las matemáticas o la lectura. Son pequeños gestos los que hacen la diferencia: un compañero que aprende a comunicarse con las manos, una maestra que adapta su clase, un grupo que comprende que la diversidad enriquece.

    Lo más bonito de todo es que no se trata de cumplir con una norma, sino de actuar desde la empatía. Cada docente en formación entiende que educar va mucho más allá de transmitir contenidos; se trata de formar seres humanos sensibles, conscientes y solidarios. Y cuando eso ocurre, la escuela se transforma: las aulas ya no son solo lugares donde se enseña, sino espacios donde todos tienen un lugar, una voz y una historia que contar.

    Cada paso que damos hacia la inclusión reafirma el compromiso de la institución con una educación que abra caminos, que inspire y que cambie vidas. Porque al final, enseñar con el corazón siempre será la lección más importante.

El lenguaje que une más allá de las palabras

    A veces no hacen falta las palabras para entender lo que alguien quiere decir. Bastan las manos, una mirada atenta y la disposición genuina de comunicarse desde el corazón. Así fue la experiencia que vivimos los maestros en formación del IV semestre, durante una jornada que sin duda marcó un antes y un después en nuestra manera de comprender la inclusión.

    Tuvimos el privilegio de recibir al profesor Raúl Bustamante, licenciado en Educación Física y acompañante de Yasleidy, quien nos ofreció una valiosa inducción sobre el lenguaje de señas. Desde el primer momento, su manera de enseñar captó la atención de todos: cada gesto, cada ejemplo y cada palabra revelaban el profundo respeto y compromiso que siente hacia la educación inclusiva.

    No fue una clase tradicional. Fue una conversación viva sobre la empatía, la igualdad y la importancia de mirar más allá de las diferencias. Mientras el profesor Raúl explicaba los signos básicos, también nos hablaba del poder de la comunicación no verbal, de la necesidad de abrir espacios donde cada estudiante pueda expresarse libremente, sin barreras ni prejuicios.

    La enseñanza fue clara: la inclusión no se limita a aceptar la diferencia, sino a aprender a convivir con ella, a comprenderla y a celebrarla. Cada uno de nosotros se fue de ese encuentro con la sensación de haber aprendido algo mucho más grande que un nuevo idioma: una nueva forma de entender el mundo y de reconocer en los demás lo que nos une como seres humanos.

    Esta experiencia nos motiva a seguir compartiendo historias como la de Yasleidy, Joseph y Gabriel, que día a día nos recuerdan que la verdadera educación está en tender puentes, no en levantar muros. Y en ese camino, cada clase, cada gesto y cada sonrisa cuentan.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (octubre, 2025).

lunes, 13 de octubre de 2025

Un lenguaje que sorprende

    Comunicar no siempre significa hablar o escribir; muchas veces implica innovar, experimentar y encontrar maneras inesperadas de expresar lo que sentimos y pensamos. En ENSarte se ha descubierto que la creatividad se convierte en un lenguaje propio, capaz de derribar barreras y revelar nuevas posibilidades de conexión. Cada proyecto, actividad y experiencia nos muestra que aprender a comunicar es también aprender a observar el mundo con atención y sensibilidad.

    Desde el uso de materiales didácticos, colores y sonidos, hasta estrategias inclusivas y expresiones corporales, todo se convierte en una herramienta para construir significado y generar impacto. La creatividad permite transformar lo cotidiano en algo significativo, convirtiendo la comunicación en un arte que no solo transmite información, sino que también despierta emociones, motiva reflexión y fortalece vínculos. 

    En este proceso, cada gesto, mirada y palabra cuenta, descubrimos que incluso los elementos más simples pueden convertirse en catalizadores de aprendizaje y entendimiento, y que comunicar con creatividad es abrir la puerta a mundos insospechados, donde cada mensaje tiene un valor único y transformador. 

La comunicación que abre horizontes

    La comunicación va más allá de simplemente intercambiar palabras: es un puente que nos conecta con ideas, emociones y realidades que muchas veces desconocemos. En ENSarte se ha podido observar cómo cada gesto, cada expresión y cada estrategia de interacción tiene un poder transformador que va mucho más allá de lo evidente.

    Cuando aprendemos a comunicarnos de manera consciente, descubrimos que no se trata solo de ser comprendidos, sino también de entender a los demás. Cada historia, proyecto y experiencia que compartimos revela nuevas formas de interpretar el mundo y de construir relaciones más significativas. La comunicación, entonces, deja de ser un acto mecánico y se convierte en un motor de inclusión, creatividad y conexión profunda entre personas de diferentes contextos y capacidades.

    En este recorrido, la curiosidad y la observación son nuestras herramientas más valiosas, y nos recuerdan que comunicar no es solo un proceso de transmitir, sino también de escuchar, aprender y transformar. Cada interacción, por pequeña que parezca, tiene la capacidad de generar un cambio real, de abrir puertas y de crear puentes donde antes existían barreras invisibles.


Lengua de señas que transforma el aprendizaje

     Durante la Semana de Investigación, un momento lleno de significado marcó la diferencia en el auditorio de la Escuela Normal Superior ...