viernes, 7 de noviembre de 2025

Lengua de señas que transforma el aprendizaje

    Durante la Semana de Investigación, un momento lleno de significado marcó la diferencia en el auditorio de la Escuela Normal Superior de San Mateo. En medio de las presentaciones, reflexiones y proyectos, Yasleidy se convirtió en una protagonista esencial al interpretar, con lenguaje de señas, la sustentación del anteproyecto de investigación “Estrategias de enseñanza en el área de Lengua Castellana”, elaborado por los estudiantes del segundo semestre del Programa de Formación Complementaria.

    Gracias a la capacitación dirigida por el profesor Raúl Bustamante, Licenciado en Educación Física y comprometido con la inclusión educativa, Yasleidy logró transmitir con claridad, empatía y precisión cada idea del grupo expositor, haciendo de la comunicación un puente real entre la voz, el gesto y el pensamiento. Su participación fue más que un apoyo técnico: fue un símbolo del valor de la diversidad, de la importancia de aprender a mirar, escuchar y comprender desde otras formas de expresión.

    El auditorio se llenó de atención y admiración al verla desempeñar su papel con seguridad, compromiso y ternura. En sus manos, el lenguaje de señas se convirtió en una herramienta que unió a todos los presentes, mostrando que la educación inclusiva no es algo lejano, sino una realidad que se construye paso a paso, con dedicación y sensibilidad. Este momento no solo evidenció el fruto de la formación académica, sino también la fuerza de la empatía y del trabajo conjunto que caracteriza a la comunidad normalista.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (noviembre, 2025)




lunes, 27 de octubre de 2025

Gabriel y la fuerza de una sonrisa

    Hay historias que se cuentan sin palabras, y Gabriel es una de ellas. Basta verlo sonreír para entender que la alegría auténtica no necesita traducción. Su risa ilumina los pasillos, su curiosidad mueve conversaciones, y su forma de mirar el mundo nos recuerda que cada día en la escuela es una oportunidad para aprender, pero también para enseñar desde el corazón.

    Gabriel no solo asiste a clases; él las transforma. Con su energía, hace que todo se sienta más ligero, que lo cotidiano tenga color y que el aprendizaje se vuelva una experiencia compartida. En cada actividad, pone el alma. En cada intento, una dosis inmensa de perseverancia. No hay obstáculo que detenga sus ganas de seguir descubriendo, de preguntar, de reír.

    A su lado, las maestras no solo enseñan, también aprenden. Aprenden a mirar más allá de los libros, a valorar el esfuerzo antes que el resultado, y a celebrar cada logro como si fuera el más grande. Gabriel les recuerda que la verdadera educación está en esos gestos sencillos, en esas miradas cómplices, en la paciencia que acompaña y en el cariño que guía.

    Mientras otros niños pueden pasar desapercibidos, él deja huella. No porque quiera ser el centro, sino porque su forma de estar lo convierte en un ejemplo vivo de lo que significa incluir, compartir y creer en el poder de la diferencia.

    Quien se cruza con Gabriel no olvida su sonrisa. Y quien lo conoce, comprende que detrás de esa risa hay una historia de amor, dedicación y esperanza que sigue escribiéndose día a día en las aulas de la Normal.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (octubre, 2025).


La esencia que hace diferente a la Normal

    Cada jornada en la Escuela Normal Superior de San Mateo está llena de pequeños momentos que dejan huella. No todo ocurre en las aulas o en medio de una capacitación; a veces, lo más valioso se aprende en los gestos simples: cuando alguien ofrece ayuda sin que se lo pidan, cuando un grupo espera a un compañero para avanzar juntos, o cuando una sonrisa basta para derribar cualquier barrera.

   En los recreos, en las filas o durante una exposición, la inclusión se nota. No porque alguien la mencione, sino porque se siente. Los estudiantes aprenden a mirar distinto, a escuchar con atención y a entender que todos tenemos algo que aportar. Cada uno, desde su historia, ha hecho que el colegio se convierta en un espacio más humano y más cálido.

   Lo que más sorprende es cómo la convivencia transforma a todos. Los maestros en formación descubren que enseñar no es solo explicar, sino también comprender, acompañar y valorar las diferencias. Aquí, la empatía se enseña con el ejemplo y se aprende cada día con los demás.

  Esa es la verdadera esencia de esta institución: hacer de la inclusión una costumbre diaria, una forma de entender la educación y la vida.


Cuando la inclusión se vuelve parte del aula

    Hay momentos en los que la escuela deja de ser solo un espacio para aprender, y se convierte en un lugar donde se siente el verdadero sentido de la educación. En los pasillos, en los recreos, en cada clase, la inclusión no es un tema aislado ni una actividad especial: es una forma de vivir dentro de la Escuela Normal Superior de San Mateo.

    Cada historia que nace aquí tiene algo que enseñar. Yasleidy, con su esfuerzo y alegría, demuestra que no hay límites cuando el entorno cree en ti. Joseph Nicolás y Gabriel, desde su ternura y autenticidad, nos recuerdan que la paciencia y la comprensión son parte del aprendizaje tanto como las matemáticas o la lectura. Son pequeños gestos los que hacen la diferencia: un compañero que aprende a comunicarse con las manos, una maestra que adapta su clase, un grupo que comprende que la diversidad enriquece.

    Lo más bonito de todo es que no se trata de cumplir con una norma, sino de actuar desde la empatía. Cada docente en formación entiende que educar va mucho más allá de transmitir contenidos; se trata de formar seres humanos sensibles, conscientes y solidarios. Y cuando eso ocurre, la escuela se transforma: las aulas ya no son solo lugares donde se enseña, sino espacios donde todos tienen un lugar, una voz y una historia que contar.

    Cada paso que damos hacia la inclusión reafirma el compromiso de la institución con una educación que abra caminos, que inspire y que cambie vidas. Porque al final, enseñar con el corazón siempre será la lección más importante.

El lenguaje que une más allá de las palabras

    A veces no hacen falta las palabras para entender lo que alguien quiere decir. Bastan las manos, una mirada atenta y la disposición genuina de comunicarse desde el corazón. Así fue la experiencia que vivimos los maestros en formación del IV semestre, durante una jornada que sin duda marcó un antes y un después en nuestra manera de comprender la inclusión.

    Tuvimos el privilegio de recibir al profesor Raúl Bustamante, licenciado en Educación Física y acompañante de Yasleidy, quien nos ofreció una valiosa inducción sobre el lenguaje de señas. Desde el primer momento, su manera de enseñar captó la atención de todos: cada gesto, cada ejemplo y cada palabra revelaban el profundo respeto y compromiso que siente hacia la educación inclusiva.

    No fue una clase tradicional. Fue una conversación viva sobre la empatía, la igualdad y la importancia de mirar más allá de las diferencias. Mientras el profesor Raúl explicaba los signos básicos, también nos hablaba del poder de la comunicación no verbal, de la necesidad de abrir espacios donde cada estudiante pueda expresarse libremente, sin barreras ni prejuicios.

    La enseñanza fue clara: la inclusión no se limita a aceptar la diferencia, sino a aprender a convivir con ella, a comprenderla y a celebrarla. Cada uno de nosotros se fue de ese encuentro con la sensación de haber aprendido algo mucho más grande que un nuevo idioma: una nueva forma de entender el mundo y de reconocer en los demás lo que nos une como seres humanos.

    Esta experiencia nos motiva a seguir compartiendo historias como la de Yasleidy, Joseph y Gabriel, que día a día nos recuerdan que la verdadera educación está en tender puentes, no en levantar muros. Y en ese camino, cada clase, cada gesto y cada sonrisa cuentan.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (octubre, 2025).

lunes, 13 de octubre de 2025

Un lenguaje que sorprende

    Comunicar no siempre significa hablar o escribir; muchas veces implica innovar, experimentar y encontrar maneras inesperadas de expresar lo que sentimos y pensamos. En ENSarte se ha descubierto que la creatividad se convierte en un lenguaje propio, capaz de derribar barreras y revelar nuevas posibilidades de conexión. Cada proyecto, actividad y experiencia nos muestra que aprender a comunicar es también aprender a observar el mundo con atención y sensibilidad.

    Desde el uso de materiales didácticos, colores y sonidos, hasta estrategias inclusivas y expresiones corporales, todo se convierte en una herramienta para construir significado y generar impacto. La creatividad permite transformar lo cotidiano en algo significativo, convirtiendo la comunicación en un arte que no solo transmite información, sino que también despierta emociones, motiva reflexión y fortalece vínculos. 

    En este proceso, cada gesto, mirada y palabra cuenta, descubrimos que incluso los elementos más simples pueden convertirse en catalizadores de aprendizaje y entendimiento, y que comunicar con creatividad es abrir la puerta a mundos insospechados, donde cada mensaje tiene un valor único y transformador. 

La comunicación que abre horizontes

    La comunicación va más allá de simplemente intercambiar palabras: es un puente que nos conecta con ideas, emociones y realidades que muchas veces desconocemos. En ENSarte se ha podido observar cómo cada gesto, cada expresión y cada estrategia de interacción tiene un poder transformador que va mucho más allá de lo evidente.

    Cuando aprendemos a comunicarnos de manera consciente, descubrimos que no se trata solo de ser comprendidos, sino también de entender a los demás. Cada historia, proyecto y experiencia que compartimos revela nuevas formas de interpretar el mundo y de construir relaciones más significativas. La comunicación, entonces, deja de ser un acto mecánico y se convierte en un motor de inclusión, creatividad y conexión profunda entre personas de diferentes contextos y capacidades.

    En este recorrido, la curiosidad y la observación son nuestras herramientas más valiosas, y nos recuerdan que comunicar no es solo un proceso de transmitir, sino también de escuchar, aprender y transformar. Cada interacción, por pequeña que parezca, tiene la capacidad de generar un cambio real, de abrir puertas y de crear puentes donde antes existían barreras invisibles.


lunes, 22 de septiembre de 2025

Un cumpleaños lleno de historias que contar

    El 17 de septiembre el colegio celebró 67 años de historia, y lo que se vivió en sus pasillos fue mucho más que una simple fecha en el calendario. Desde temprano, el ambiente estaba cargado de emoción: risas, música y la energía de los estudiantes que llenaron el lugar de vida.

    Gabriel fue uno de los primeros en llegar, luciendo con orgullo su poncho y sombrero, listo para disfrutar de cada momento. Yasleidy no se quedó atrás; su presencia fue especial, compartiendo con sus compañeros y demostrando que la unión hace grande a nuestra institución. Joseph Nicolás también estuvo allí, participando activamente y recordándonos que cada estudiante es una pieza importante de esta gran familia educativa.

    Cada rincón del colegio parecía contar una historia. Hubo actividades culturales, juegos y momentos de encuentro entre estudiantes y profesores. Fue un día en el que la comunidad escolar reafirmó su compromiso con la inclusión, la amistad y el respeto, valores que hacen que nuestra institución sea única.

    Este aniversario no solo fue para mirar al pasado, sino para celebrar el presente y soñar con lo que viene. Porque detrás de cada celebración hay historias que merecen ser contadas… y esta es apenas una de ellas.

Celebrar la vida y la escuela

    El 17 de septiembre no fue un día cualquiera, fue el cumpleaños número 67 del colegio, una fecha que siempre se llena de sonrisas, recuerdos y orgullo por pertenecer a esta comunidad educativa. Ese día, Gabriel se convirtió en uno de los protagonistas de la celebración, con poncho al hombro y sombrero bien puesto, su alegría era contagiosa, como si él mismo representara todo lo que significa crecer aquí: identidad, tradición y entusiasmo.

    Verlo sonreír de esa manera fue un recordatorio de por qué vale la pena hablar de inclusión, de convivencia y de respeto. La escuela no solo enseña Matemáticas o Lenguaje, también enseña a compartir momentos como este, que quedan en la memoria de todos.

    Y es que cada sonrisa, cada historia y cada gesto de ese día merece ser contado. La fiesta de los 67 años no solo fue un aniversario más: fue la prueba de que la escuela sigue viva en el corazón de quienes la habitan.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (septiembre 2025).

lunes, 15 de septiembre de 2025

Un pupitre que cuenta historias

    En cada aula hay algo que guarda memoria: un tablero con marcas de tinta, un libro con esquinas dobladas, en este caso, un pupitre pequeño que fue más que un simple mueble. Ese pupitre fue el lugar desde donde Erika vivió gran parte de sus clases, aprendió, se rió y construyó amistades. Fue adaptado especialmente para ella, demostrando que la inclusión no siempre empieza con grandes discursos, sino con gestos concretos que hacen posible que todos tengan su lugar.

    Mirarlo hoy es recordar que detrás de cada asiento hay un estudiante que sueña, que lucha, que merece ser escuchado. Ese pupitre nos recuerda que la educación se construye con detalles que marcan vidas. ¿Quién iba a pensar que un objeto tan sencillo pudiera tener tanto significado? Y es que en cada rincón de la escuela hay historias así, listas para ser contadas.
Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (septiembre 2025).


Relatos que transforman el aula

    Hay algo mágico en escuchar historias que nacen del día a día escolar. No son grandes discursos ni noticias de portada, son pequeños momentos que se convierten en aprendizajes para todos, como se vive la inclusión en la Escuela Normal Superior de San Mateo, en las conversaciones espontáneas, en los apoyos silenciosos de un compañero, en las miradas de reconocimiento entre docentes y estudiantes.

    Cada caso que se ha contado aquí, Yasleidy, Joseph Nicolás, Gabriel y Erika (2023) parece tener un hilo invisible que los conecta. No son solo nombres: son protagonistas de un proyecto educativo que apuesta por abrir las puertas a cada persona y acompañarla en su propio ritmo.

    Contar estas historias es casi como abrir un libro por capítulos, nunca sabes qué enseñanza nueva traerá la próxima página, y eso es lo que hace tan emocionante seguir escribiendo y compartiendo en este espacio.

Cuando la inclusión tiene rostro y sonrisa

    Hay momentos que se quedan grabados y que dicen más que mil palabras. En la Escuela Normal Superior de San Mateo cada encuentro se convierte en una oportunidad para crecer, lo especial de estos espacios no está en lo extraordinario, sino en lo cotidiano: en cómo compartimos el mismo pasillo, el mismo salón y los mismos sueños de aprender.

    Historias como la de Yasleidy inspiran por su manera de avanzar con decisión y enseñan que la inclusión no es un favor, es un derecho que dignifica y enriquece a toda la comunidad, cada día que pasa es una muestra de que la educación puede ser un lugar donde todos caben y donde las diferencias se transforman en oportunidades de aprendizaje.

    Quien se detiene a mirar de cerca estos procesos descubre que la Normal es más que un colegio: es un ejemplo vivo de cómo se construye una cultura de respeto, empatía y compañerismo, haciendo justo que valga la pena seguir leyendo cada nueva historia que aquí se comparte.



lunes, 1 de septiembre de 2025

La comunicación que rompe fronteras

    No todas las conversaciones se escuchan con los oídos, ni todas las historias se leen en un papel. En ENSarte, hemos descubierto formas de comunicarnos que desafían los límites tradicionales: gestos, colores, sonidos y miradas que transmiten más de lo que las palabras pueden contener.

    Cada experiencia que compartimos revela la riqueza de la diversidad y la fuerza de la creatividad. Desde estrategias innovadoras hasta relatos que enseñan cómo superar barreras, la comunicación se muestra como un puente entre mundos distintos, donde cada mensaje tiene un impacto profundo y único.

    Aquí, aprender a comunicarse no es solo adquirir habilidades: es explorar, comprender y transformar la manera en que nos conectamos con quienes nos rodean.

Inclusión que inspira

      La Escuela Normal Superior de San Mateo guarda historias que merecen ser contadas. Relatos como los de Yasleidy, Erika, Joseph Nicolas y Gabriel nos muestran que la inclusión no es un concepto aislado, sino una práctica viva que transforma cada jornada escolar. 

    Pero estas experiencias no son las únicas, en los pasillos, salones, encuentros diarios, siguen apareciendo vivencias que reflejan la fuerza de los estudiantes y la dedicación de quienes los acompañan. Cada caso abre nuevas formas de entender la educación, revelando aprendizajes que muchas veces no están en los libros, pero si en la vida misma.

      Este espacio sigue siendo la puerta para asomarse a esas realidades que conmueven, enseñan y motivan a mirar la escuela con otros ojos. Lo más interesante es que cada historia tiene algo único por compartir... y aún quedan muchas voces por escuchar.

                                   Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (septiembre 2025).

lunes, 25 de agosto de 2025

Inclusión que transforma

    En cada rincón del colegio hay historias que merecen ser contadas, porque no solo nos hablan de estudiantes que aprenden, sino de comunidades que se transforman. Los casos de Yasleidy, Nicolás y Gabriel han marcado un antes y un después en la manera de entender la educación inclusiva en nuestra institución. No son relatos aislados, sino procesos vivos que revelan lo que significa acompañar, escuchar y reconocer la diferencia como un valor.

    Aunque aún falta compartir las voces de quienes han estado más cerca docentes, coordinadores y la misma rectora, lo cierto es que los pasos que se han dado ya muestran un camino de esperanza. Cada gesto, cada estrategia y cada logro alcanzado por estos estudiantes deja claro que la inclusión no se reduce a un discurso, sino que se vive en lo cotidiano, en el aula, en el patio, en cada momento compartido.

    Este blog seguirá trayendo esas voces y testimonios que tanto enriquecen la mirada educativa. La entrevista con la rectora y la coordinadora está en camino, y será un espacio clave para comprender con mayor profundidad cómo se construye, día a día, una escuela que no deja a nadie atrás.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (agosto, 2025).


lunes, 4 de agosto de 2025

Una educación que abraza las diferencias

    A veces basta una sonrisa y un gesto sencillo para comprender lo grande que puede ser la inclusión. Quiero compartir un fragmento muy especial de este camino: experiencias reales, personas reales, historias que merecen ser contadas.

    Durante este proceso, he tenido la oportunidad de conocer a estudiantes que, con su ejemplo, nos muestran el verdadero sentido de educar desde la diversidad. Yasleidy Johana Godoy, estudiante del Programa de Formación Complementaria, es una de ellas. Su paso por la escuela no solo ha sido valiente, sino profundamente inspirador para toda la comunidad.

    También están las historias de Erika Lorena Carreño Leguizamón, quien hace dos años culminó su educación media con admirables logros; Joseph Nicolas Lagos Aponte, estudiante de Tercero y Gabriel Alejandro Mendivelso, de grado Primero. Cada uno con su propio ritmo, con su propia luz, pero todo parte del mismo compromiso: construir una escuela sin barreras, sin etiquetas, sin límites para aprender. 

    Aquí encontrarás algunas imágenes que reflejan más que rostros: reflejan caminos recorridos con respeto, apoyo y empatía. 

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (agosto, 2025).

lunes, 28 de julio de 2025

Educar desde la diferencia

    En la Escuela Normal Superior de San Mateo, cada historia de inclusión es un aprendizaje compartido. No se trata solo de adaptar pupitres o diseñar carteleras en braille, se trata de miradas que se transforman, de docentes que cuestionan sus métodos, y de estudiantes que aprenden a convivir con la diferencia como parte natural de la vida escolar.

    Casos como el de Erika Lorena, que hace dos años cursó grado 11 con pupitres adaptados en cada aula, o el de Yasleidy, actual estudiante del II Semestre del Programa de Formación Complementaria, quien enfrenta las barreras del silencio con la firmeza de su presencia diaria, no son anécdotas sueltas, son reflejo de una comunidad que busca crecer sin dejar a nadie atrás.

    Pero también están Joseph y Gabriel, niños de primaria que nos enseñan que el autismo no es una barrera para aprender, sino una invitación a enseñar de manera distinta. Su paso por los salones recuerda que la inclusión no es solo un derecho, es una oportunidad para que todo el colegio aprenda a escuchar mejor, a observar más y a enseñar con el alma.

    Cada detalle cuenta: desde la forma en que se saluda en clase, hasta cómo se adaptan las evaluaciones o se piensan las actividades grupales. En este camino, la inclusión deja de ser una meta para convertirse en una forma de vivir el colegio.


Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (Julio 2025).



martes, 22 de julio de 2025

Inclusión que inspira: la mirada de una maestra con experiencia

    Hay palabras que marcan. En esta conversación, una docente de la Escuela Normal Superior de San Mateo comparte su experiencia en torno a la inclusión, con ejemplos reales que han dejado huella en la comunidad educativa.

Haz clic en el enlace y déjate llevar por una voz que no solo enseña, también inspira.

 https://drive.google.com/file/d/1-XM4cZkQHDi9I9UxK81Gx9ZWYX60m6gn/view?usp=drivesdk

lunes, 14 de julio de 2025

El poder del lenguaje en la formación docente

    Enseñar no es solo explicar contenidos o aplicar estrategias. También es nombrar, hablar, mirar y escuchar, ya que en cada palabra que un maestro dice hay una huella, una posibilidad de construir o destruir, de abrazar o de excluir, y en la Escuela Normal Superior de San Mateo, eso se sabe muy bien. ¿Cuántas veces una sola palabra puede marcar a un estudiante para siempre? Un "usted no puede", un "No sirve para eso", o incluso "No me tengo por qué acostumbrar a hablar así". Palabras pequeñas, sí, pero con un impacto gigante. En cambio, cuando un docente cambia su forma de hablar, cuando empieza a usar un lenguaje más respetuoso, más amplio, más humano, el aula se transforma, se vuelve un lugar más seguro, más justo, más real. 

    La formación docente no solo prepara para enseñar Matemáticas, Ciencias o Lenguaje, también forma la manera en que los futuros maestros se relacionan con sus estudiantes, sus compañeros, sus comunidades, y ahí el lenguaje inclusivo se convierte en una herramienta pedagógica tan poderosa como cualquier libro. Usar el lenguaje para incluir no es una moda ni una obligación compuesta, es una decisión ética, es comprender que no todos los estudiantes son iguales, ni se sienten igual cuando escuchan ciertas palabras. Es entender que decir "ellos" no siempre representan a "todos", y que hablar con cuidado no es exagerar, sino educar con respeto. 

    En la Escuela Normal Superior, cada vez son más los estudiantes que reflexionan sobre esto, que se cuestionan cómo se refieren a sus compañeros, cómo saludan en clase, cómo escriben una cartelera o presentan una exposición. Esto es formar para la vida, porque sí: lo que se dice, se queda, en la Educación, eso puede marcar para siempre. "No hay palabra verdadera que no sea unión inquebrantable entre acción y reflexión". Paulo Freire, dando a entender que una de las formas más potentes de actuar en el aula, sea empezar por hablar distinto.

Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (Julio 2025).

Historias reales desde la Escuela Normal Superior de San Mateo

    Aquí no hablamos de inclusión como teoría: la vivimos. En la Escuela Normal Superior de San Mateo, cada día trae una lección silenciosa sobre respeto, empatía y adaptación, lo que para muchos puede parecer una "dificultad", aquí se convierte en una oportunidad para enseñar con el ejemplo. "Incluir no es integrar a los que están fuera, sino cambiar la escuela para que nadie quede fuera". Mel Ainscow

    Yasleidy Johana Godoy, estudiante de II Semestre del Programa de Formación Complementaria, ella es hipoacústica, se comunica con gestos y miradas, y su paso por la escuela ha obligado para bien, a todos a escuchar más allá del oído. Su presencia ha despertado nuevas formas de interacción y, sin decir una sola palabra, ha transformado el ambiente educativo.

    En 2023, Erika Lorena Carreño Leguizamon, una joven con acondroplasia se graduó de undécimo. Cada salón por el que pasó tenía un pupitre adaptado exclusivamente para ella. No fue un favor, fue una declaración: aquí cabemos todos. Su proceso mostró que cuando una escuela adapta su entorno, lo que en realidad está adaptando es su mirada.

    En la Básica Primaria, Joseph Nicolás Lagos Aponte (grado Tercero) y Gabriel Alejandro Mendivelso (grado Primero), ambos dentro del autismo, nos enseñan a diario que aprender no tiene una sola forma. Su presencia reta, conmueve y enseña a los docentes a mirar más allá de la norma y a enseñar con sensibilidad.

    Estos nombres no son casos especiales: son rostros reales de una comunidad que entiende que incluir no es agregar a alguien al final de la lista, sino empezar la lista desde el respeto por la diferencia, porque aquí en San Mateo, la inclusión no se discute, se practica. Lo más valioso es que estos casos no se están viendo como excepciones, sino como parte de una escuela que quiere seguir creciendo desde el respeto a la diferencia, una escuela que enseña a ver con otros ojos, a hablar con más cuidado y a enseñar desde el alma, no se detiene la educación, más bien nos enriquecemos frente a las diferencias, ya que no solo entenderíamos que es la inclusión, también nos preguntaríamos cómo podríamos hacer parte de ella.

   Fotografía de Juan Pablo Palencia Díaz (Julio, 2025).

Lengua de señas que transforma el aprendizaje

     Durante la Semana de Investigación, un momento lleno de significado marcó la diferencia en el auditorio de la Escuela Normal Superior ...